Abro este blog escribiendo sobre el autor que compuso la pieza con la que bautizo a este espacio, el gran J.S. Bach.
En los ultimos meses, he caído en la adicción de escuchar a Bach, creo que su música es perfecta y celestial, y al mismo tiempo sin pretensiones falsas ni extravagancias, es un músico cuyo arte es elegante, su musicalidad es armoniosa y su genio nos sobrevivirá durante mucho tiempo.
Mi acercamiento a Bach tiene una historia de muchos años que empezó cuando era un niño de entre 8 y 9 años, y asistía a clases de mandolina en la escuela FORMUS (una exelente escuela constructivista, ecológica y con amplia calidez humana, dirigida por Úrsula Warren de Bolaños ubicada en la colonia Contry en Monterrrey NL), y el maestro nos presentó una “aria” de un tal J.S. Bach, (lamento aceptar que perdí esa partitura, y ya no sabré cual pieza será entre las 1128 piezas que se le atribuyen), recuerdo con precisión que la situaba entre mis favoritas, ya que fue la primera pieza que fue tecnicamente demandante y que requería de mucha práctica, asimismo, era la primera pieza que no era de corte “infantil” y había algo en ella que me emocionaba sin razón; recuerdo que el maestro nos pidió buscarla en “cassette” para escuchar la referencia de como debía ser ejecutada, la tienda que elegimos fue Liverpool (en galerías Monterrey), y recuerdo que le preguntamos al dependiente en el area de musica clásica que nos buscara un cassette con la “aria” de J.S. Bach (en ese entonces no sabía que “aria” era un tipo de composicion, y no el titulo de la pieza), y recuerdo bastante claro cuando me trajo un cassette de caja verde donde una de las pistas tenia por titulo “aria” y hasta le pregunté si otros compañeros habían ido a comprarlo allí, y me repondió que sí. Cual fue mi sorpresa al reproducirlo en el coche, con decepción total me dí cuenta que era otra “aria” de Bach. En ese momento aprendí que los vendedores solamente quieren vender a toda costa, sin importar si engañan a un niño o a un enfermo terminal con falsas esperanzas. De cualquier forma yo gocé mucho con esa pieza, y continuó siendo de mis favoritas a pesar de aprender otras más difíciles. Posteriormente aprendí quién fue Bach, qué era una “aria”, y mi vida transcurrió por los años.
Hace un año y medio decidí tocar el violín, me encontraba esperando entrar al posgrado, y tenía 5 meses libres, también tenía un Violín Strunal 220 (un violin para estudiante, no muy fino, pero mejor que otros), que un tío muy querido me había regalado antes, también sabía solfeo, notación musical y sabía tocar la mandolina (las notas estan en la misma posición), y había tomado unas clases de violín unos años antes. Así que emprendí la aventura de aprender por mi mismo.
Dentro de las piezas para principiantes que empecé a tocar se encuentran la Suite en sol menor BWV 822 y los minuets del cuaderno de Anna Magdalena BWV Anh 114 y BWV Anh 116 (que se supone fueron escritos por Christian Petzold, y no por Bach). El 114 es una pieza muy conocida que estoy seguro todos la han oído.
Al igual que mi experiencia previa con la mandolina, fue vigorizante cuando dejé las canciones infantiles e inicié con estas piezas, y ocurrió la misma situación en que canciones más difíciles técnicamente no me gustaban tanto. Posteriormente compré unas partituras de Bach, en donde se incluye la famosa “aire” de la suite no 3 en Re BWV 1068, al tocarla, y escucharla tocar por otros violinistas, empezó mi adicción actual por Bach.
En la siguiente entrada hablaré de los discos que he escuchado de Bach.
Saludos!
